Consecuencias psicológicas

Los jóvenes afectados pueden sentir vergüenza frente a sus pares o dejar de participar en actividades grupales que desenmascaren su condición, como por ejemplo, no quitarse la polera frente a sus compañeros, no bañarse en las piscinas aunque haga mucho calor, encorbarse para que no se note el volumen, inventar otro tipo de panoramas para no verse expuestos, etc.

En casos más extremos, algunos adolescentes sienten amenazada su virilidad y exageran conductas “masculinas” para compensar, derivando en problemas que arriesgan aún más la relación con sus pares. Para ellos es muy difícil hablar del tema, incluso a veces no existe la confianza suficiente para que planteen el problema a sus familiares más cercanos. Es por esto que los padres tienen que estar atentos y tomar la iniciativa para conversar con su hijo en estos casos.

Los adultos igualmente pueden sentirse avergonzados por su condición, hay algunos que ven limitada sus actividades personales, familiares y sociales en la vida diaria. Algunos ejemplos: no ir al gimnasio, evitar camarines, ponerse poleras grandes y sueltas, evitar playas y piscinas, etc. Muchas veces no se atreven a solicitar una hora para evaluación médica, porque no quieren exponer su problema. En estos casos se recominda buscar una solución.


 
 
 
  Con la colaboración del Dr. Fernando Gómez, especialista en ginecomastia.